
La pregunta decisiva de la fe cristiana
En el centro de la fe católica no hay una idea, una norma o una filosofía, sino una Persona: Jesucristo.
Por eso, una de las preguntas más importantes que puede hacerse un creyente es esta:
¿Quién es Jesucristo?
No se trata solo de saber datos históricos sobre Él, sino de descubrir quién es realmente y qué significa para nuestra vida.
Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre
La fe católica enseña que Jesucristo es verdadero Dios y verdadero hombre.
No es solo un gran profeta, ni un maestro moral, ni un personaje del pasado. Es el Hijo eterno de Dios, que se hizo hombre sin dejar de ser Dios.
En Él se unen plenamente:
la naturaleza divina
y la naturaleza humana
Sin confusión, sin división y sin mezcla.
Este misterio se llama la Encarnación.
El Hijo eterno del Padre
Antes de nacer en Belén, Jesucristo ya existía desde toda la eternidad.
Él es el Verbo de Dios, por quien todo fue creado.
El Evangelio lo expresa así:
“En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios” (Jn 1,1).
Jesucristo no comienza a existir con su nacimiento humano; Él es eterno, como el Padre y el Espíritu Santo.
El misterio de la Encarnación
Por amor a la humanidad, el Hijo de Dios se hizo hombre.
Asumió nuestra condición humana, excepto el pecado, para acercarse a nosotros y salvarnos.
Jesús nació de la Virgen María por obra del Espíritu Santo. Vivió como nosotros:
conoció la alegría y el dolor,
el trabajo y el cansancio,
la amistad y el sufrimiento,
la obediencia y la entrega.
Dios se hizo cercano, visible y accesible.
Jesucristo, Salvador del mundo
Jesucristo vino al mundo con una misión clara: salvar a la humanidad del pecado y de la muerte.
Por su vida, su predicación, sus milagros, su muerte en la cruz y su resurrección, Jesús:
revela el amor infinito del Padre,
vence el pecado,
abre el camino de la vida eterna.
La cruz no fue un fracaso, sino la mayor expresión del amor de Dios.
La muerte y resurrección de Jesús
Jesucristo fue crucificado, murió y fue sepultado.
Asumió libremente el sufrimiento y la muerte por amor a nosotros.
Pero la muerte no tuvo la última palabra.
Jesús resucitó al tercer día, venciendo definitivamente el pecado y la muerte.
La resurrección es el corazón de la fe cristiana. Sin ella, nuestra fe no tendría sentido.
Jesucristo vive hoy
Jesucristo no pertenece solo al pasado.
Está vivo, glorificado y presente hoy:
en la Iglesia,
en los sacramentos,
especialmente en la Eucaristía,
en su Palabra,
en el corazón de cada creyente.
Él camina con nosotros, nos acompaña y nos sostiene.
Jesús revela el rostro del Padre
Quien conoce a Jesucristo, conoce a Dios.
Jesús mismo lo dijo:
“Quien me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Jn 14,9).
En Jesús descubrimos un Dios:
misericordioso,
cercano a los pobres y pecadores,
paciente,
compasivo,
dispuesto a perdonar siempre.
Jesucristo nos llama a seguirlo
Jesús no solo quiere ser conocido, sino seguido.
Nos llama a:
creer en Él,
confiar en su amor,
vivir según el Evangelio,
amar como Él amó.
Ser cristiano no es solo saber quién es Jesús, sino vivir en relación con Él.
Jesucristo, Señor de nuestra vida
La fe cristiana proclama que Jesucristo es Señor.
Esto significa que Él tiene autoridad sobre nuestra vida, no para dominarnos, sino para conducirnos a la verdadera libertad.
Entregarle la vida a Cristo es descubrir el sentido profundo de la existencia.
Cierre espiritual
Jesucristo es el rostro visible del amor invisible de Dios.
Es camino, verdad y vida.
Conocerlo es amar.
Seguirlo es vivir.
