
1.209 palabras, 6 minutos
Mi nombre es Luis Fernando Pere D, y quiero darte la bienvenida a este espacio que nació no de un plan perfecto, sino de un llamado profundo del corazón.
Durante la pandemia, cuando el mundo entero vivía momentos de miedo y silencio, sentí con más claridad la presencia de Dios tocando mi vida. Fue en ese tiempo difícil cuando surgió este sitio web con el deseo de compartir fe, esperanza y compañía espiritual.
Sin embargo, por diferentes motivos, el proyecto se detuvo en el año 2022. Hoy, 4 de diciembre de 2025, con una alegría inmensa, puedo decir que este sueño renace. Renace más fuerte, más consciente y más lleno de propósito.
Provengo de una familia profundamente católica, donde la fe siempre fue una luz encendida. Crecí rodeado de oración, devoción y amor a Dios. Y junto a esa fe, desde muy pequeño aprendí a amar a la Virgen María, especialmente a la Virgen de Guadalupe, a quien llamo con cariño mi Morenita, porque en los momentos más duros ella ha sido para mí consuelo, ternura y protección.
Ella también ha inspirado este proyecto, porque sé que donde está la Madre, siempre nace algo bueno.
Aunque en mi vida he trabajado como empresario junto a mi familia —y doy gracias a Dios por permitirme sacar adelante nuestros negocios— no quiero que eso suene como arrogancia. Todo lo que soy y todo lo que tengo es gracia pura, regalo de Dios.
Este proyecto no nació por conveniencia ni por estrategia. Nació porque un día cualquiera sentí el llamado de Dios, ese susurro interior que te invita a hacer algo más por los demás.
Lo único que quiero es que tú y yo, y todos los que lleguen aquí, crezcamos juntos en la fe. Que este sea un hogar espiritual donde podamos apoyarnos, acompañarnos y fortalecer nuestra relación con Dios y con nuestra Madre del cielo.
Deseo también que este sitio sea un refugio para quienes viven momentos de ansiedad, depresión o tristeza, porque yo mismo sé lo que es atravesar esas batallas. Y puedo decir con seguridad que el mejor remedio para un corazón herido es permanecer unido a Dios, caminar de la mano de la Virgen y confiar en su amor.
Actualmente estoy en formación católica, capacitándome para que este sitio no sea improvisado, sino un proyecto serio, fiel a la Iglesia y lleno de contenido que realmente ayude al alma.
Poco a poco, con paciencia y constancia, este sitio irá tomando forma, orden y belleza.
Aquí encontrarás oraciones, devociones, catecismo, reflexiones, formación espiritual, historias de santos y muchísimas cosas más.
Además, cuento con alianzas con otras escuelas y plataformas católicas, lo que me permite ofrecer cursos para quienes deseen profundizar aún más en su vida espiritual.
Por último, algo muy importante para mí: soy felizmente casado con Mónica, mi compañera de vida y de fe, un regalo que Dios me dio para caminar juntos hacia Él.
Gracias por estar aquí. Gracias por creer. Gracias por caminar conmigo.
Con cariño,
Luis Fernando Pere D
Mi experiencia en Emaús
En mi camino de fe hubo un momento muy especial que marcó un antes y un después en mi vida espiritual. En el año 2017, en la ciudad de Manizales, tuve la gracia de vivir el Encuentro de Emaús. Este regalo no llegó por casualidad: fue un regalo de mi hermana, un gesto de amor que Dios utilizó para tocar profundamente mi corazón.
El Encuentro de Emaús es una experiencia espiritual inspirada en el pasaje bíblico de los discípulos que caminaban con Jesús rumbo a Emaús sin reconocerlo. Es un retiro que dura tres días, en los cuales la persona se desconecta del ruido exterior para encontrarse consigo misma, con su historia, con sus heridas, pero sobre todo con Cristo vivo, que camina a nuestro lado incluso cuando no lo reconocemos.
Durante esos tres días se vive un proceso profundo de escucha, reflexión, oración y fraternidad. A través de charlas, testimonios y momentos de silencio, el Señor va revelando su amor, sanando el corazón y renovando la fe. Emaús no es solo un retiro: es una experiencia de encuentro personal con Jesús, que transforma la manera de ver la vida, la fe y a los demás.
Al finalizar el encuentro, muchos experimentamos lo mismo que los discípulos de Emaús: el corazón ardiendo, los ojos abiertos y el deseo profundo de volver a la vida cotidiana para anunciar que Jesús está vivo y camina con nosotros.
El Evangelio de los discípulos de Emaús
(Lucas 24, 13-35)
Aquel mismo día, dos de los discípulos iban camino de una aldea llamada Emaús, distante de Jerusalén unos sesenta estadios; y conversaban entre sí de todo lo que había pasado.
Mientras conversaban y discutían, Jesús mismo se acercó y caminaba con ellos, pero sus ojos estaban retenidos para que no lo reconocieran.
Él les dijo:
—¿De qué conversan entre ustedes mientras van de camino?
Ellos se detuvieron con semblante triste, y uno de ellos, llamado Cleofás, le respondió:
—¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabe lo que ha pasado allí estos días?
Él les preguntó:
—¿Qué cosa?
Le contestaron:
—Lo de Jesús el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo; cómo los sumos sacerdotes y nuestros jefes lo entregaron para que lo condenaran a muerte y lo crucificaron.
Nosotros esperábamos que él fuera el que iba a liberar a Israel; pero con todo esto, ya van tres días desde que sucedieron estas cosas.
Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues fueron de madrugada al sepulcro y, al no hallar su cuerpo, volvieron diciendo que incluso habían visto una aparición de ángeles, que decían que estaba vivo.
Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres, pero a él no lo vieron.
Entonces Jesús les dijo:
—¡Qué necios y torpes de corazón para creer todo lo que dijeron los profetas! ¿No era necesario que el Cristo padeciera todo esto para entrar en su gloria?
Y comenzando por Moisés y continuando por todos los profetas, les explicó lo que había sobre él en todas las Escrituras.
Al llegar cerca de la aldea a donde iban, él hizo ademán de seguir adelante; pero ellos le insistieron, diciendo:
—Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado.
Entró, pues, a quedarse con ellos. Y sucedió que, estando sentados a la mesa, tomó el pan, lo bendijo, lo partió y se lo dio. Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron; pero él desapareció de su vista.
Y se dijeron uno a otro:
—¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?
En aquel mismo momento se levantaron y regresaron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once y a los que estaban con ellos, que decían:
—¡Es verdad! El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Simón.
Ellos, por su parte, contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.
