
Introducción
Con estas palabras el Credo nos lleva al corazón del misterio cristiano: Dios se hizo hombre de verdad. Jesucristo no es un personaje simbólico ni un ángel con apariencia humana; es el Hijo eterno del Padre que quiso compartir nuestra carne, nuestra historia y nuestra fragilidad. La salvación comenzó en un instante humilde y silencioso: el momento en que María dijo “sí” y el Espíritu Santo obró en ella el milagro de la vida.
Aquí contemplamos dos verdades inseparables:
- la acción del Espíritu Santo,
- y la misión única de la Virgen María.
“Fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo”
Jesús no fue concebido como cualquier ser humano. Su origen es un acto directo de Dios.
Esto significa que:
- Su Padre es Dios mismo.
- Su concepción es un milagro de amor.
- Desde el primer instante es verdadero Dios y verdadero hombre.
El ángel anunció a María:
“El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra” (Lucas 1,35)
El Espíritu, que al inicio de la creación daba vida al universo, ahora inicia una nueva creación: la humanidad de Cristo.
La Encarnación: Dios se hace hombre
En Jesús ocurre algo nunca visto:
- El Creador entra en su creación.
- El Eterno asume el tiempo.
- El Infinito se hace pequeño.
La Iglesia llama a esto Encarnación:
el Hijo de Dios tomó nuestra carne para:
- salvarnos del pecado,
- revelarnos el rostro del Padre,
- hacernos hijos de Dios.
“Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros” (Juan 1,14)
“Nació de Santa María Virgen”
María ocupa un lugar único en la historia de la salvación.
Ella es:
- la Madre de Jesús,
- la llena de gracia,
- la primera creyente.
Su virginidad expresa que:
- Jesús es don total de Dios,
- la salvación es iniciativa divina,
- María pertenece por completo al Señor.
Cuando María dijo:
“Hágase en mí según tu palabra” (Lucas 1,38)
abrió la puerta para que Dios entrara en nuestra historia.
Verdadero Dios y verdadero hombre
Jesús:
- no aparentó ser hombre,
- no dejó de ser Dios,
- unió en su persona lo divino y lo humano.
Por eso:
- pudo llorar y alegrarse,
- trabajar y cansarse,
- amar con corazón humano,
- salvar con poder divino.
Todo lo humano quedó tocado por Dios.
Lo que este misterio significa para nosotros
Si Jesús nació de María por obra del Espíritu:
- Dios ha bendecido nuestra humanidad.
- El cuerpo y la vida son sagrados.
- Ningún sufrimiento le es ajeno.
- Estamos llamados a nacer a una vida nueva.
Así como María llevó a Cristo al mundo,
la Iglesia está llamada a llevarlo hoy a los corazones.
Enseñanza para la vida
Este artículo del Credo nos invita a:
- agradecer el don de la vida,
- respetar toda existencia humana,
- acoger a Jesús como María lo acogió,
- dejarnos guiar por el Espíritu Santo.
Para reflexionar
¿Dejo que Dios nazca en mi corazón cada día?
¿Imito el “sí” confiado de María?
¿Trato mi vida y mi cuerpo como regalo de Dios?
Oración
Señor Jesús,
concebido por obra del Espíritu Santo
y nacido de la Virgen María,
gracias por hacerte uno de nosotros.
Espíritu Santo,
así como formaste a Cristo en María,
forma a Jesús en mi corazón.
Madre Santa,
enséñame a decir “sí” a Dios
con la misma fe con que tú lo hiciste.
Amén.
