La comunión de los santos

CREO EN LA COMUNIÓN DE LOS SANTOS

Después de confesar nuestra fe en la santa Iglesia católica, el Credo nos lleva a una verdad profundamente consoladora: la comunión de los santos. Con estas palabras afirmamos que en la Iglesia nadie camina solo, que existe un lazo invisible de amor que une a todos los que pertenecen a Cristo: los que peregrinamos en la tierra, los que se purifican y los que ya gozan de la gloria del cielo.

La fe cristiana no es individualista. Dios no nos salva como islas separadas, sino como un solo cuerpo. Así como en una familia lo que vive uno repercute en todos, en la Iglesia el bien, la oración y el amor de cada uno se convierten en un tesoro para los demás.

Esta expresión tiene dos grandes sentidos:

  1. Comunión en las cosas santas:
    Compartimos los mismos bienes espirituales:
    • la fe,
    • los sacramentos,
    • la Palabra de Dios,
    • la gracia.
  1. Comunión entre las personas santas:
    Todos los bautizados estamos unidos en Cristo, ya estemos:
    • en la tierra (Iglesia peregrina),
    • en el purgatorio (Iglesia purificante),
    • en el cielo (Iglesia gloriosa).

Es una sola Iglesia en tres estados distintos.

San Pablo lo explica con una imagen hermosa:

“Así como el cuerpo es uno y tiene muchos miembros,
así también es Cristo” (1 Cor 12,12).

Esto significa que:

  • tu oración ayuda a otros,
  • tu pecado hiere a otros,
  • tu caridad edifica a toda la Iglesia.

Nada de lo que vivimos es indiferente para los demás.

En la Iglesia compartimos:

  • El mismo Bautismo que nos hace hijos de Dios.
  • La misma Eucaristía que nos une en un solo pan.
  • El mismo Espíritu Santo que habita en todos.
  • Los méritos de Cristo y de los santos.

Cuando un cristiano crece en santidad, toda la Iglesia se enriquece.

No estamos separados de los que ya han llegado a la gloria. Ellos:

  • interceden por nosotros,
  • nos acompañan en el camino,
  • son modelos de vida.

Por eso les pedimos:
“Ruega por nosotros”.

No los adoramos, pero sí los reconocemos como hermanos mayores que viven plenamente en Dios.

La comunión de los santos explica por qué oramos por nuestros seres queridos que han muerto. El amor es más fuerte que la muerte.

La Iglesia siempre ha creído que:

  • nuestras oraciones pueden ayudarlos,
  • la Eucaristía tiene un gran valor por ellos,
  • ningún hijo de Dios es olvidado.

El cristianismo es profundamente comunitario. Decimos:

  • Padre nuestro,
  • no “Padre mío”.

Tu fe sostiene la mía y la mía sostiene la tuya. Somos responsables unos de otros.

Creer en la comunión de los santos es:

  • renunciar al individualismo,
  • alegrarnos del bien ajeno,
  • cargar las penas del hermano.

Es vivir lo que dice la Escritura:

“Lleven los unos las cargas de los otros” (Gál 6,2).

Los santos no son personas lejanas e inalcanzables. Son:

  • hombres y mujeres reales,
  • con luchas como las nuestras,
  • que dejaron actuar a la gracia.

Ellos nos dicen que la santidad es posible hoy.

La comunión de los santos es como un gran río espiritual:

  • Cristo es la fuente,
  • los sacramentos son el cauce,
  • nosotros somos las gotas unidas.

Todo circula por el amor.

Esta verdad se hace concreta cuando:

  • oramos unos por otros,
  • perdonamos,
  • compartimos lo que tenemos,
  • participamos en la Eucaristía.

Allí la comunión se vuelve vida.

“Somos un solo cuerpo en Cristo
y miembros los unos de los otros” (Rom 12,5).

“Una multitud de creyentes tenía un solo corazón
y una sola alma” (Hch 4,32).

Señor Jesús,
creo en la comunión de los santos.
Gracias porque no camino solo,
porque pertenezco a una familia
más grande que el tiempo y la muerte.

Úneme a mis hermanos de la tierra,
a los que se purifican
y a los que ya viven en tu gloria.

Que mi oración ayude a otros,
que mi amor edifique tu Iglesia
y que un día pueda unirme
a la alabanza eterna del cielo.
Amén.

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