Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos

Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos

El Credo nos recuerda que la historia no camina hacia el vacío, sino hacia un encuentro: Jesucristo volverá. Aquel que subió a los cielos regresará con gloria para manifestar plenamente su Reino y para juzgar a la humanidad con verdad y misericordia. No se trata de un anuncio para infundir miedo, sino para despertar esperanza y responsabilidad.

El juicio de Cristo revelará lo que realmente hemos sido, el valor de nuestras obras y la verdad de nuestro corazón.

La fe cristiana mira al futuro con confianza:

  • Jesús volverá como Señor de la historia.
  • Su venida será pública y definitiva.
  • Se manifestará lo que hoy está oculto.

No sabemos el día ni la hora, pero vivimos en espera vigilante.

“Este mismo Jesús volverá como lo han visto subir al cielo” (Hechos 1,11)

Ser juzgados por Cristo significa que:

  • nuestra vida tiene valor y consecuencias,
  • el bien realizado no se pierde,
  • el mal será desenmascarado.

El juicio no es venganza de Dios, sino triunfo de la verdad y del amor.

“Todos debemos comparecer ante el tribunal de Cristo” (2 Corintios 5,10)

Nadie queda fuera:

  • los que vivan en ese momento,
  • los que ya hayan partido,
  • toda la humanidad de todos los tiempos.

Cristo es el único juez porque:

  • conoce el corazón,
  • murió por nosotros,
  • ama con justicia perfecta.

Saber que Cristo vendrá nos invita a:

  • vivir con rectitud,
  • practicar la misericordia,
  • no desanimarnos ante la injusticia.

El amor será la medida del juicio:

“Tuve hambre y me dieron de comer…” (Mateo 25,35)

  • Mi vida tiene un destino eterno.
  • Cada decisión construye mi futuro.
  • La misericordia de hoy será mi defensa mañana.
  • Cristo viene a salvar, no a destruir.
  • ¿Vivo como si Cristo pudiera venir hoy?
  • ¿Mi vida refleja el amor que Él enseñó?
  • ¿Practico la misericordia con los demás?

Señor Jesús,
que un día vendrás con gloria
a juzgar a vivos y muertos,
dame un corazón vigilante.

Que viva en la verdad,
que ame sin cansarme,
y que espere tu venida
con fe y alegría.
Amén.

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