Descendió a los infiernos y al tercer día resucitó de entre los muertos

Descendió a los infiernos y al tercer día resucitó de entre los muertos

Después de confesar que Jesús murió y fue sepultado, el Credo proclama la gran noticia de nuestra fe: Cristo venció a la muerte. Su amor no se detuvo en la cruz ni en el sepulcro. El Hijo de Dios descendió al lugar de los muertos para llevar la salvación a toda la humanidad y, al tercer día, resucitó glorioso inaugurando una vida nueva.

Este artículo es el corazón de la esperanza cristiana: la muerte no tiene la última palabra. En Jesucristo, Dios ha abierto un camino definitivo hacia la vida eterna.

La palabra “infiernos” aquí no se refiere al lugar de condenación, sino al lugar de los muertos, donde esperaban los justos del Antiguo Testamento.

Con este descenso:

  • Jesús comparte totalmente nuestro destino humano.
  • Anuncia la salvación a los que habían muerto antes de Él.
  • Abre las puertas del cielo cerradas por el pecado.

Cristo no solo vino por los vivos, sino por toda la humanidad de todos los tiempos.

“Fui muerto, pero ahora vivo por los siglos de los siglos y tengo las llaves de la muerte” (Apocalipsis 1,18)

La resurrección es:

  • el triunfo del amor sobre el odio,
  • de la vida sobre la muerte,
  • de la luz sobre la oscuridad.

Jesús no volvió a la vida como Lázaro para morir otra vez; resucitó con un cuerpo glorioso, inaugurando una existencia nueva.

La fe cristiana se sostiene en este hecho:

“Si Cristo no ha resucitado, vana es nuestra fe” (1 Corintios 15,14)

Gracias a la resurrección:

  • el pecado ha sido vencido,
  • la muerte ya no es final,
  • el dolor tiene sentido,
  • la esperanza es más fuerte que el miedo.

Los apóstoles pasaron de estar encerrados y temerosos a anunciar con valentía:
¡Jesús vive!

Lo que ocurrió en Cristo es promesa para nosotros:

  • estamos llamados a resucitar con Él,
  • nuestro cuerpo tiene destino eterno,
  • la vida presente es camino hacia la gloria.

La resurrección nos invita a vivir como hombres y mujeres nuevos.

  • No hay noche que Dios no pueda iluminar.
  • Ningún pecado es más grande que su misericordia.
  • Ninguna tumba puede encerrar el amor de Cristo.
  • Estamos llamados a vivir como resucitados.
  • ¿Vivo con esperanza o con miedo?
  • ¿Creo de verdad que Cristo está vivo hoy?
  • ¿Dejo que su resurrección transforme mi vida diaria?

Señor Jesús,
que descendiste al lugar de los muertos
y al tercer día resucitaste glorioso,
renueva mi esperanza.

Libérame de todo temor,
levántame de mis caídas,
hazme testigo de tu vida nueva.

Que viva cada día
como hijo de la resurrección.
Amén.

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