Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor

Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor

Después de proclamar nuestra fe en Dios Padre, el Credo nos conduce al centro del cristianismo: Jesucristo. La fe cristiana no es solo creer en un Dios creador, sino creer que ese Dios se hizo cercano en una Persona concreta, con rostro, nombre e historia. Decir “Creo en Jesucristo” es afirmar que Dios no se quedó en el cielo, sino que entró en nuestra humanidad para salvarnos.

El cristiano no sigue una idea ni una filosofía, sino a una Persona viva. Jesucristo es el regalo más grande del Padre a la humanidad. En Él conocemos quién es Dios y quiénes somos nosotros.

El nombre Jesús significa: “Dios salva”.
El título Cristo significa: “Ungido, Mesías, enviado de Dios”.

Al decir “Creo en Jesucristo” afirmamos que:

  • Él es el Salvador prometido por Dios.
  • En Él se cumplen todas las profecías.
  • Es verdadero Dios y verdadero hombre.
  • Es el camino para llegar al Padre.

No creemos solo que existió, sino que vive hoy, nos conoce y camina con nosotros.

“Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único” (Juan 3,16)

Jesús no es un hijo más de Dios como nosotros.
Él es el Hijo único por naturaleza, eterno como el Padre.

Esto significa que:

  • Existe desde siempre con el Padre.
  • No fue creado, sino engendrado.
  • Comparte la misma divinidad del Padre.

Nosotros somos hijos por adopción;
Jesús es Hijo por esencia.

“Este es mi Hijo amado, escúchenlo” (Marcos 9,7)

Llamar a Jesús “Señor” es reconocer que:

  • Tiene autoridad divina.
  • Es dueño de la historia.
  • Es el centro de nuestra vida.

En los primeros cristianos decir “Jesús es el Señor” era una profesión de fe que podía costar la vida, porque significaba:

  • Él es más importante que cualquier poder humano.
  • A Él pertenece mi existencia.
  • Solo a Él debo adoración.

“Para que toda lengua proclame: Jesucristo es el Señor” (Filipenses 2,11)

Creer en Jesús no es solo admirarlo:

  • es seguirlo,
  • escucharlo,
  • amarlo,
  • imitarlo.

Quien cree en Cristo:

  • descubre que Dios tiene rostro humano,
  • aprende a perdonar,
  • encuentra sentido al dolor,
  • recibe la esperanza de la vida eterna.

Jesús es:

  • el Maestro que enseña la verdad,
  • el Médico que sana el corazón,
  • el Pastor que guía,
  • el Amigo que nunca abandona.

Toda la historia se divide:

  • antes de Cristo
  • después de Cristo

Porque en Él:

  • Dios visitó a su pueblo,
  • el cielo tocó la tierra,
  • la muerte fue vencida.

Sin Jesús, el cristianismo no tendría sentido.
Con Él, todo cambia.

Este artículo del Credo nos invita a:

  • poner a Jesús en el centro del corazón,
  • leer el Evangelio para conocerlo,
  • seguir sus pasos en la vida diaria,
  • reconocerlo como Señor de nuestras decisiones.

¿Quién es realmente Jesús para mí?

¿Lo conozco o solo he oído hablar de Él?

¿Es Señor de mi vida o solo un recuerdo religioso?

Señor Jesucristo,
Hijo único del Padre,
yo creo en Ti.

Creo que eres mi Salvador,
mi camino, mi verdad y mi vida.
Toma mi corazón,
guía mis pasos,
hazme discípulo fiel de tu amor.

Que nunca me aparte de Ti
y pueda decir con mi vida:
¡Jesús es mi Señor!
Amén.

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