Creo en el Espíritu Santo

Creo en el Espíritu Santo

Al proclamar “Creo en el Espíritu Santo” confesamos que Dios no solo actuó en el pasado, sino que sigue obrando hoy. El Espíritu Santo es Dios mismo presente en la Iglesia, en los sacramentos y en el interior de cada creyente. Él es el aliento de vida que renueva el mundo y nos hace capaces de amar como Cristo.

Sin el Espíritu, la fe sería solo una idea; con Él, se convierte en vida, fuerza y transformación.

El Espíritu Santo:

  • no es una energía impersonal,
  • es la tercera Persona de la Santísima Trinidad,
  • es Dios verdadero como el Padre y el Hijo.

La Iglesia lo reconoce como:

  • Señor y dador de vida,
  • amor que une al Padre y al Hijo,
  • alma de la Iglesia.

“El Espíritu lo sondea todo, incluso las profundidades de Dios” (1 Corintios 2,10)

Desde el comienzo el Espíritu ha actuado:

  • en la creación, dando vida,
  • en los profetas, inspirando la palabra,
  • en María, obrando la Encarnación,
  • en Jesús, guiando su misión.

En Pentecostés descendió sobre la Iglesia para:

  • darle valentía,
  • impulsarla a evangelizar,
  • unir a los creyentes.

“Recibirán la fuerza del Espíritu Santo y serán mis testigos” (Hechos 1,8)

El Espíritu Santo:

  • nos hace hijos de Dios,
  • nos enseña a orar,
  • ilumina la conciencia,
  • regala sus dones y carismas.

Sus frutos se manifiestan en:

  • amor, alegría, paz,
  • paciencia, bondad,
  • fe y dominio de sí (Gálatas 5,22).

Gracias al Espíritu:

  • comprendemos el Evangelio,
  • Cristo vive en nosotros,
  • la Iglesia permanece unida,
  • los sacramentos dan vida.

Él es el Dios cercano, que habita en el corazón del creyente.

Creer en el Espíritu Santo es:

  • dejarnos guiar por Dios cada día,
  • vivir como hijos y no como esclavos,
  • abrir el corazón a su acción transformadora,
  • servir a la Iglesia con nuestros dones.
  • ¿Invoco al Espíritu en mis decisiones?
  • ¿Dejo que transforme mi carácter?
  • ¿Reconozco sus dones en mi vida?

Espíritu Santo,
Señor y dador de vida,
ven a mi corazón.

Ilumina mi mente,
fortalece mi voluntad,
enciende en mí el amor de Dios.

Hazme discípulo fiel de Jesús
y testigo valiente del Evangelio.
Amén.

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