Creo en Dios Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra

Creo en Dios Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra

Cuando el cristiano pronuncia las primeras palabras del Credo —“Creo en Dios Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra”— está afirmando la verdad más grande de su vida: que no somos fruto del azar, que no caminamos solos y que el origen de todo es un Amor infinito. Estas palabras han sido repetidas por la Iglesia durante más de dos mil años y han sostenido la fe de millones de creyentes en medio de alegrías, dudas, persecuciones y esperanzas.

Decir “creo” es abrir el corazón a un misterio que nos supera. No es solo aceptar una idea religiosa, sino entrar en una relación personal con Dios. La fe cristiana no nace del miedo ni de la obligación, sino del encuentro con un Padre que sale a nuestro encuentro. Por eso, el Credo comienza hablando de Dios como Padre y no simplemente como creador o juez.

La palabra “creer” tiene varios niveles:

  1. Creer con la mente: aceptar que Dios existe.
  2. Creer con el corazón: confiar en Él.
  3. Creer con la vida: vivir según su voluntad.

La fe no es ciega; es una respuesta a Dios que se ha revelado. Creemos porque Él tomó la iniciativa de darse a conocer en la creación, en la historia de Israel y plenamente en Jesucristo. El acto de fe implica:

  • Confianza
  • Entrega
  • Obediencia
  • Amor

Creer es apoyarse en Dios como un niño se apoya en su padre.

Antes de Jesús, muchos pueblos veían a Dios como un ser lejano o temible. Cristo nos mostró su verdadero rostro: Dios es Padre.

Ser Padre significa que:

  • Nos da la vida
  • Nos sostiene cada día
  • Nos educa con paciencia
  • Nos espera cuando nos alejamos

La parábola del hijo pródigo es la imagen más hermosa de este Padre que perdona y abraza. No somos siervos ni esclavos: somos hijos amados.

“Ustedes no han recibido un espíritu de esclavos para recaer en el temor, sino el Espíritu de hijos que nos hace clamar: ¡Abbá, Padre!” (Romanos 8,15)

La omnipotencia de Dios no es como el poder humano. El hombre domina; Dios ama.
Su poder se manifiesta en:

  • Crear de la nada
  • Mantener todo en la existencia
  • Sacar bien incluso del mal
  • Perdonar lo que parece imperdonable

El mayor signo de su poder no es la fuerza, sino la misericordia. La cruz de Cristo es la prueba de que el poder de Dios es amor que se entrega.

La fe afirma que todo lo visible e invisible tiene su origen en Dios. El universo no es casualidad ni accidente:

  • El cielo: mundo espiritual, los ángeles, la eternidad
  • La tierra: naturaleza, historia, humanidad

El ser humano ocupa un lugar único: fue creado a imagen de Dios, con inteligencia, libertad y capacidad de amar. Por eso la vida humana es sagrada desde su inicio hasta su fin.

Creer en Dios creador implica también:

  • Respetar la naturaleza
  • Defender la dignidad humana
  • Agradecer el don de la existencia

Si Dios es mi Padre:

  • No soy un accidente
  • Mi vida tiene propósito
  • Nunca estoy realmente solo
  • Puedo vivir con esperanza

La fe en el Creador nos libera del miedo y del sinsentido. Nos invita a vivir como hijos confiados y como hermanos de todos.

Desde los primeros siglos los cristianos proclamaron esta fe. Los mártires murieron afirmando que solo hay un Dios, Padre y creador. Esta verdad ha inspirado:

  • Santos
  • Misioneros
  • obras de caridad
  • civilizaciones enteras

Padre bueno y todopoderoso,
creador del cielo y de la tierra,
hoy renuevo mi fe en Ti.
Creo que me has creado por amor,
que sostienes mi vida en tus manos
y que me llamas a ser tu hijo.

Líbrame de la duda y del miedo,
enséñame a confiar como un niño,
a cuidar tu creación
y a vivir como hermano de todos.
Amén.

¿Vivo como hijo amado o como huérfano espiritual?

¿Confío en Dios incluso cuando no entiendo?

¿Cuido la creación como regalo del Padre?

Scroll al inicio